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No hay duda, la iluminación LED está ayudando a muchas personas a ahorrar energía, sobre todo cuando se sustituyen las bombillas incandescentes y halógenas. Pero tienen un problema: emiten una luz rica en ondas cortas, conocida como ‘luz azul’, la cual podría causar algunos efectos en la salud no tan positivos.
¿Sabías que parte de la luz espectral puede llegar a ser peligrosa para nuestra retina? Por este motivo, para protegernos de parte de la luz que emiten las pantallas de muchos de los dispositivos que utilizamos cada día, algunas empresas han desarrollado unas gafas anti “luz azul”, con la finalidad de ayudar a nuestros ojos a protegerse mejor.
La luz azul forma parte del espectro de luz, cuyas longitudes de onda están entre 380 y 500 nanómetros. Es emitida por el sol, pero también por fuentes de luz artificial, como ocurre con las bombillas con iluminación LED y las pantallas de los dispositivos electrónicos que usamos con regularidad (como los teléfonos móviles, las tabletas, ordenadores y televisores).
Como coinciden en señalar muchos expertos, la luz azul potencialmente peligrosa representa solo una pequeña parte de toda la luz azul existente, ya que consisten en las longitudes de onda azul-violeta.
Por ejemplo, el espectro de luz diurna o artificial incluye diferentes bandas de color, entre las que se encuentran el azul turquesa, luz positiva para el estado de ánimo, y luego el azul violeta, a la que cada vez estamos más expuestos.
Esto es debido a que la energía que llega a la retina, en el caso de la luz azul violeta, tiende a ser más fuerte en el caso de la luz azul turquesa. Y las pantallas, en concreto, difunden picos de luz azul, conocidos técnicamente con el nombre de luz de alta energía visible (HEV).
Se estima que todos pasamos una medida de 6 horas frente a una pantalla. Por lo que nos encontramos sobreexpuestos a esta luz azul, especialmente desde una edad cada vez más temprana (¿cuántos niños utilizan los teléfonos móviles de sus padres, ven la televisión o tienen tabletas con las que entretenerse?).
En el caso de los niños, incluso, el problema es ligeramente mayor, dado que, en los niños menores de 14 años de edad, cuyo cristalino no es capaz de filtrar tan bien, el efecto de la luz azul es todavía más dañina.
Mediante un modelo in vitro, se ha demostrado que la longitud de onda más tóxica para las células de la retina es de alrededor de 415-455 nanómetros, una zona fototóxica que se corresponde a una luz azul violeta en el espectro del arco iris. Y, según se ha encontrado en distintos estudios, aumenta el riesgo de degeneración macular relacionada con la edad (DMAE).
Es más, la investigación científica ha concluido que la exposición prolongada a la radiación de luz azul o a la luz azul artificial causa daños fotoquímicos tanto en el cristalino como en la retina. Y distintos estudios epidemiológicos han llegado a demostrar que esta luz azul es considerada, de hecho, como un factor de riesgo para la DMAE. Los expertos, incluso, sospechan que podría influir en el desarrollo de cataratas.
No obstante, no todo tiene por qué ser negativo. De hecho, la luz azul también puede tener algunos efectos beneficiosos. Por ejemplo, nos ayuda a nuestros ritmos circadianos (la alternancia vigilia / sueño), y a nuestro propio estado de ánimo.
Esta vez, es la luz azul turquesa (alrededor de 490 nanómetros), la que nos permite reestablecer nuestros ritmos circadianos durante un jet lag, regulando la producción de melatonina, considerada popularmente como la “hormona del sueño”.